"El disco más atípico de la música española". Así presentó este álbum el maestro José Miguel López en Discopolis. Ni que decir tiene que esas palabras fueron como un chispazo para alentar mi curiosidad, pero es que además, las canciones que escogió como muestra consiguieron cautivarme.
Me hago la imagen de 4 jóvenes músicos en un piso en Barcelona de principios de los '70. Con muchos instrumentos esparcidos por la habitación. Guitarras, mandolina, swannie, bajo, piano, flauta, bongos, silbatos... Sentados en círculo en el suelo, con los chakras bien abiertos. Invocando a las músicas que en ese momento son interpretadas en cualquier parte del mundo. Haciendo de sus cuerpos un enorme receptor que comienza a vibrar y, sólo cuando de verdad sienten que los sonidos han llegado a su destino interior, se ponen a tocar. Y así, como hipnotizados, cantan sin pronunciar palabras de ningún idioma conocido. Sólo por el placer de sentir la voz como un instrumento musical. Una experiencia irrepetible. Como este álbum. Único.

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