Se propusieron grabar un álbum cañero, y vaya que si lo consiguieron. Altas dosis de Hard Rock apunkarrado, sin olvidar sus raíces garageras psicodélicas. Un disco que arranca con una introducción instrumental como Dopamina te avisa de que te van a inyectar una dosis de puro placer (rockero). Así es la siguiente canción, First Time, con un riff de guitarra trallero y una melodía irresistible del Hammond de Marta Ruiz, de ecos puramente Garage Rock. Sin tregua siguen con Breakin' the Robots, un tema arrollador con guitarras que rugen con un sonido a lo Killing Joke. Fue el single elegido para presentar el disco y el motivo de que esté en mi estantería. La letra habla de la lucha interior contra aquellas partes de uno mismo que nos han inoculado desde fuera. Riots comienza con una intro muy surfer (haciendo honor a Los Coronas, combo del que forman parte tres de los Sex Museum) pero rápidamente se transforma en la canción más acelerada del disco, con un solo de teclado muy espacial. Horizons tiene un riff de guitarra que te lleva a una autopista encima de una Chopper. Y con Breakout vuelven los ecos killinjokeros, con una base contagiosa para bailar. Se atreven con el español en Microdosis, donde Miguel Pardo tiene un curioso deje muy sixties ye-yé a la voz. Se marcan una atronadora versión del Walking On My Grave de Dead Moon. Y acaban el disco con Soldier Doll, un boogie desbocado donde Fernando Pardo da rienda suelta a sus guitarrazos.
La otra razón por la que no pude resistirme a adquirir este álbum es el diseño de la portada. Una ilustración retrofuturista lisergicopsicodélica preciosa y muy sugerente.



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